Cuando consultamos a los docentes sobre qué estrategias de enseñanza les parecen las más eficaces, seguramente propondrán como interesantes aquellas que tienden a resolver problemas. Existe un consenso casi unánime: estas estrategias presentan los temas de forma significativa y comprometen al estudiante con su aprendizaje.
Sin embargo, a menudo confundimos la "resolución de problemas" con la simple ejecución de ejercicios. En esta entrada, desglosamos las claves para transformar nuestras prácticas.
1. La gran diferencia: ¿Ejercicio o Problema?
No toda actividad que requiere una respuesta es un problema. Muchas veces, lo que presentamos son ejercicios de aplicación:
El ejercicio: Se resuelve aplicando un mecanismo casi automático o buscando un dato explícito en un texto. Sirve para afianzar un procedimiento ya conocido.
El problema: Es una situación nueva que requiere utilizar de modo estratégico técnicas conocidas. Como señala Juan Ignacio Pozo (1997), si no hay un desafío que obligue a crear una nueva estrategia, no hay problema, solo práctica.
Dato clave: Un problema se define por el proceso de resolución que sigue el alumno y no necesariamente por su grado de dificultad.
2. Clasificando los desafíos en el aula
Para diseñar mejores propuestas, debemos entender que existen distintas dimensiones de problemas:
Bien definidos vs. Mal definidos: Mientras que en Ciencias Naturales solemos encontrar metas claras desde el inicio, en Ciencias Sociales o Educación Ambiental los problemas suelen ser "mal definidos" porque intervienen múltiples factores (legales, sociales, económicos) que abren el abanico de soluciones.
Contextos: Podemos distinguir entre problemas escolares, científicos y cotidianos. El problema escolar es el nexo perfecto: permite interpretar el conocimiento científico desde la realidad del estudiante.
3. El nuevo rol docente: Ser un "Problematizador"
En el modelo constructivista, el docente no es solo un facilitador, es un creador de situaciones. Problematizar significa darle carácter de desafío a fenómenos que los estudiantes podrían ver como obvios o simples.
Enfoque tradicional: Brindar la teoría (ej. mezclas homogéneas) y luego hacer un experimento para comprobarla.
Enfoque por problemas: Explorar mezclas cotidianas (un café, una ensalada) para que el alumno intente clasificarlas. Ante la duda o el error, surge la necesidad real de buscar información y aprender.
Hoja de ruta para organizar proyectos
Si quieres implementar esta metodología en tu próxima secuencia didáctica, te sugerimos estas etapas:
Definición del problema: Negociar el sentido del desafío con los alumnos.
Generación de hipótesis: Formular explicaciones o soluciones provisorias.
Desarrollo del proyecto: Crear un plan estratégico colaborativo.
Puesta a prueba: El momento de hacer, donde el problema puede transformarse.
Evaluación formativa: Valorar el proceso y no solo el resultado final.
Bibliografía de referencia
Citas destacadas:
Pozo, J. (1997). Aprendizaje de estrategias para la solución de problemas en ciencias. Revista Alambique.
Siguenza, A. y Saez, M. (1990). Análisis de la resolución de problemas como estrategia de enseñanza de la Biología. Enseñanza de las ciencias.
Pozo, J.I. & Gomez Crespo, A. (1997). La solución de problemas. Aula XXI, Santillana.
Para seguir leyendo:
Escribano, A. & Del Vall, A. (2008). El aprendizaje basado en problemas. Narcea Ediciones.
Polya, G. (1987). Cómo plantear y resolver problemas. Trillas, México.
Ministerio de Educación Ciencia y Tecnología (2008). Cuadernos para el aula. Ciencias Naturales 6.

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